Reflexiones: ¿Realmente usted pregunta e indaga antes de tomar decisiones que influyen el desempeño, las actitudes y las relaciones en su equipo?

Es de sabios preguntar, ¿lo hace usted?

Piense en una persona a la que admire por su sabiduría, por la habilidad con que inspira a un equipo a obtener resultados extraordinarios, por el carisma y la seguridad que demuestra en situaciones complicadas… Notará que una de las cualidades que la distinguen es que nutre sus decisiones de respuestas obtenidas de interrogantes formuladas a sí misma, a colegas, a dirigidos y a terceros.

Los líderes que indagan antes de juzgar situaciones o a personas de su equipo se equivocan menos. Y es que el solo hecho de cuestionar minuciosamente abre la mente -e incluso el corazón-, amplía horizontes y posibilita ver algo que no había sido tomado en cuenta. Si no lo hacen, desconocen detalles clave, eso podría inducir a un errado proceder y acarrearía consecuencias para todos.

Quienes son consultados tienden a sentirse importantes, tomados en cuenta, valorados. En cambio, si solo reciben veredictos, decisiones y órdenes -sin haber sido escuchados- se sentirán desmotivados, iracundos y reaccionarán con rechazo. Las preguntas nos conectan aun con las personas más reacias y defensivas. Son llaves para traspasar la puerta de la indiferencia, el escepticismo y el enajenamiento.

Cuando padres de familia u otras personas de jerarquía preguntan, demuestran no saberlo todo; entonces, son percibidos como auténticos en sus deseos de ayudar, no de imponer. La sencillez, la humildad y el respeto son puentes que unen voluntades. Cualquier miembro del equipo que sea escuchado por su líder y por sus compañeros aumenta su sentido de pertenencia y de aceptación. Usted también se sentiría así, ¿no es cierto?

Las preguntas disipan la falsa idea de que alguien es perfecto. Someter propuestas a la opinión de otros para que las mejoren es un paso que suele transformarse en un trampolín de posibilidades. En momentos de crisis, por ejemplo, la combinación de aportes puede ser la vía hacia una solución, apoyada lealmente por todos los que la construyeron al ser consultados. El compromiso es mucho mayor cuando cada cual aportó una sugerencia que está en marcha.

Cuestionar conduce al rompimiento de zonas de confort, barreras y paradigmas; propicia la innovación. Los prejuicios, la rigidez mental y los estereotipos se diluyen cuando nos mostramos receptivos frente a respuestas que derivan de interrogantes planteadas con un propósito trascendente. Así, en momentos de incertidumbre, normalmente, hay un miembro del equipo que sabe cómo salir adelante, solo está esperando a que alguien le pregunte su opinión.

John C. Maxwell aboga por que los líderes de equipos también se cuestionen: «¿Tengo claridad de propósito personal?» «¿Realmente me intereso por los demás?» «Soy una persona equilibrada al juzgar mi importancia en el equipo?» «¿Qué aportó a las situaciones que enfrentamos?» «¿Invierto mi energía en las personas y asuntos correctos?» «¿Soy eficiente?» De acuerdo con este planteamiento, la inteligencia, la profundidad de pensamiento y las intenciones -más que en las respuestas- se evidencian en las preguntas que una persona se hace a sí misma y a los demás.

Finalmente, quien pregunta no le tiene miedo a la verdad ni a la rectificación. Sabe, como indica sir Francis Bacon, que «Si uno comienza con certezas, terminará con dudas; más si acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas».

German Retana, consultor independiente y gestor de procesos de capacitación gerencial y desarrollo organizacional.

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