La Humildad el Antídoto de la Soberbia

Por Hildemaro Infante, Consultor Gerencial, Docente y Escritor

Cuando la Revista Bloomberg Businessweek le preguntó a Nitin Nohria, decano de Harvard Business School: ¿Qué es lo que se debería enseñar a los líderes empresariales?, su respuesta fue clara: “Humildad”. Quizá su respuesta no fue técnica ni académica, pero está claro que contiene una gran dosis de humanidad.

“Los líderes empresariales sufren de exceso de confianza y de un exagerado sentido de su fuerza de carácter. Desarrollar el carácter es un proceso de vida similar al desarrollo del conocimiento, las escuelas de negocios debemos enseñar a no caer en la arrogancia”. Humildad es el significado de liderazgo para el decano de la escuela de negocios más influyente del mundo.

El comportamiento de las personas, en las redes sociales, celebra la arrogancia, la presunción y la atención desmesurada hacia sí mismo. Los seres humanos dejan de lado su esencia, se vuelven más y más competitivos, pero no para satisfacer sus necesidades sino deseos de atención, obsesionados por la apariencia y cada vez más egoístas. La soberbia está concentrada en lo que piensan y digan los demás, en las apariencias; mientras que la humildad se enfoca solo en realidades y lo que piensa la persona de sí misma.
El rechazo instintivo de muchos hacia la palabra humildad proviene de un malentendido fundamental con el concepto, porque se le asocia a pobreza y baja autoestima. Cuando en realidad la humildad es la competencia humana que facilita el trabajo en equipo; la escucha y la posibilidad del aprendizaje continuo.

Cuando un líder tiene un punto de vista único corre el riesgo de dejar de lado la visión de conjunto de los problemas, de esa forma todas las decisiones serán tomadas jerárquicamente, sin considerar los elementos que la rodean y el entorno del negocio. Esa actitud los aparta del mundo e impone la ilusión de ser invencibles y perfectos, lo cual es una antesala del fracaso.
La gente humilde no cree que las cosas se logran porque sí, sino que deben conquistarlas en las mismas condiciones que los demás. Este enfoque les lleva a tener una perspectiva sobre el mundo, menos contaminada por prejuicios, invitándolo a ser tolerante con los demás y menos esclavos a sus creencias. Lo cual no significa ser permisivos, sino asertivos, luchar con generosidad por lo que se cree, respetándose a sí mismo y a los otros. La humildad, de hecho, ayuda a reforzar y a reparar las relaciones, así como a construir lazos más fuertes entre las personas.

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